Museo de veranos pre-Internet.
Pre-IA.

Visita guiada.
 

Bienvenidos.
 

Mi nombre es Simón y hoy tendré el placer de acompañarles durante la visita.
 

Antes de empezar, una pequeña advertencia: en este museo no encontrarán grandes obras de arte. No hay Picassos. No hay Velázquez (¿soy wapa o qué?). No hay pantallas interactivas. Ni siquiera audioguías con inteligencia artificial.
 

Aquí solo conservamos objetos costumbristas. Cotidianos. Kitsch. Eso sí, todos con una habilidad extraordinaria: son capaces de devolverte un verano entero en menos de un segundo.
 

Si son tan amables, síganme.
 

La visita está a punto de comenzar.

SALA I. PINTURA COSTUMBRISTA

Las obras de esta primera sala fueron pintadas directamente sobre la memoria. No intenten analizarlas demasiado. Limítense a mirarlas.

  1. Gafas de bucear con saliva sobre el cristal.
    Autor desconocido, pero aplicación ancestral que funcionaba sorprendentemente bien.
     
  2. Balón gigante de Nivea.
    Probablemente el objeto más visto de cualquier playa española entre 1990 y 2005.
     
  3. Nevera azul con filetes empanados y sandía.
    Óleo(so) sobre plástico. Necesita de dos adultos para recorrer veinte metros de playa.
     
  4. Dedos como garbanzos.
    Serie limitada. Solo aparece después de tres horas seguidas en la piscina.
     
  5. Marca del bañador.
    Instalación efímera. Disponible únicamente durante los meses de julio y agosto.
     
  6. Bocadillo de tortilla con arena.
    La crítica sigue dividida sobre si la arena formaba parte de la receta.
     
  7. Flash de 25 pesetas.
    Naturaleza efímera. Duración estimada de la felicidad: 30 segundos de chupaíta o calor.
     
  8. Aquaplast en una rodilla.
    Obra recurrente. Ninguna infancia consiguió exponer solo una. 

SALA II. AUDIOVISUALES

Por favor, guarden silencio. Si escuchan alguno de estos sonidos, no se alarmen. Es la nostalgia haciendo de las suyas.

  • Las cigarras a las cuatro de la tarde.
     
  • El zumbido de la lámpara antimosquitos antes del "zasca!".
     
  • El ventilador diciendo "clac... clac... clac..." en cada vuelta.
     
  • El "ya hemos llegado?" cuando todavía faltaban dos horas de carretera.
     
  • La sintonía de Doraemon. Hora oficial de salir de la piscina.
     
  • Los primeros segundos de Los Simpson. El reloj más preciso del verano.

SALA III. ESCULTURA Y TEXTURAS

En esta sala está prohibido tocar. Aunque todos sabemos exactamente cómo se siente cada pieza.

  • El plástico rugoso de la tumbona blanca.
     
  • La toalla áspera del tercer día de playa.
     
  • La piel tirante después del cloro.
     
  • El bote azul de crema que nunca cerraba bien.
     
  • Las chanclas pegándose al suelo de la piscina.
     
  • La goma del gorro/gafas arrancándote tres pelos de golpe.
     
  • El asiento del coche ardiendo después de una mañana al sol.

SALA IV. TECNOLOGÍA EXTINGUIDA

Los menores de treinta años suelen pensar que esta sala es ciencia ficción.

  • Lápiz/boli rebobinador de cassette.
     
  • Walkman traga-cintas.
     
  • Tamagotchi fallecido durante las vacaciones.
     
  • Game Boy inclinada cuarenta y cinco grados para encontrar el único reflejo donde se veía la pantalla.
     
  • Carrete de fotos con veinticuatro oportunidades para no pestañear.

SALA V.  PATRIMONIO INMATERIAL

Estas piezas no necesitan cartela. Todos sabemos exactamente dónde estábamos cuando ocurrieron.

  • "¡Pechos fuera!" Y no.No era una playa nudista. Era Aphrodite A. Hoy, probablemente, quien toma el sol en topless eres tú.
     
  • Volver a casa cuando se encendían las farolas.
     
  • Dormirse en el coche y despertarse sin saber en qué pueblo estabas.
     
  • El melón después de cenar.
     
  • Aburrirse. La pieza más difícil de explicar a las nuevas generaciones.

Y con esto termina la visita. Pueden pasar por la tienda del museo. No vendemos imanes para la nevera. Ni camisetas. Ni tazas. Solo un pensamiento a modo final feliz:

 

Ninguno de estas piezas ‘merece un museo’… y sin embargo todas conservan algo muy difícil de encontrar hoy en día: la capacidad de hacer que tres meses parecieran eternos.
 

Quizá no echemos de menos aquellos objetos. Ni siquiera aquellos veranos.
 

Quizá lo que echamos de menos es vivir una época en la que no hacía falta sacar el móvil para que algo mereciera la pena; para sentir que estabas exactamente donde querías estar.

P.D.: Si al leer esto has olido el aftersun o has notado arena entre los dedos de los pies, la visita ha merecido la pena. Ahora bien, para un aftersun que huele a melón, a verano y a fresquito; que te quita el quemado y te potencia el moreno, prueba nuestro producto estrella del verano, Melonizer.

Museo de veranos pre-Internet. Pre-IA.

Visita guiada.
 

Bienvenidos.
 

Mi nombre es Simón y hoy tendré el placer de acompañarles durante la visita.
 

Antes de empezar, una pequeña advertencia: en este museo no encontrarán grandes obras de arte. No hay Picassos. No hay Velázquez (¿soy wapa o qué?). No hay pantallas interactivas. Ni siquiera audioguías con inteligencia artificial.
 

Aquí solo conservamos objetos costumbristas. Cotidianos. Kitsch. Eso sí, todos con una habilidad extraordinaria: son capaces de devolverte un verano entero en menos de un segundo.
 

Si son tan amables, síganme.
 

La visita está a punto de comenzar.

SALA I. PINTURA COSTUMBRISTA

Las obras de esta primera sala fueron pintadas directamente sobre la memoria. No intenten analizarlas demasiado. Limítense a mirarlas.

  1. Gafas de bucear con saliva sobre el cristal.
    Autor desconocido, pero aplicación ancestral que funcionaba sorprendentemente bien.
     
  2. Balón gigante de Nivea.
    Probablemente el objeto más visto de cualquier playa española entre 1990 y 2005.
     
  3. Nevera azul con filetes empanados y sandía.
    Óleo(so) sobre plástico. Necesita de dos adultos para recorrer veinte metros de playa.
     
  4. Dedos como garbanzos.
    Serie limitada. Solo aparece después de tres horas seguidas en la piscina.
     
  5. Marca del bañador.
    Instalación efímera. Disponible únicamente durante los meses de julio y agosto.
     
  6. Bocadillo de tortilla con arena.
    La crítica sigue dividida sobre si la arena formaba parte de la receta.
     
  7. Flash de 25 pesetas.
    Naturaleza efímera. Duración estimada de la felicidad: 30 segundos de chupaíta o calor.
     
  8. Aquaplast en una rodilla.
    Obra recurrente. Ninguna infancia consiguió exponer solo una. 

SALA II. AUDIOVISUALES

Por favor, guarden silencio. Si escuchan alguno de estos sonidos, no se alarmen. Es la nostalgia haciendo de las suyas.

  • Las cigarras a las cuatro de la tarde.
     
  • El zumbido de la lámpara antimosquitos antes del "zasca!".
     
  • El ventilador diciendo "clac... clac... clac..." en cada vuelta.
     
  • El "ya hemos llegado?" cuando todavía faltaban dos horas de carretera.
     
  • La sintonía de Doraemon. Hora oficial de salir de la piscina.
     
  • Los primeros segundos de Los Simpson. El reloj más preciso del verano.

SALA III. ESCULTURA Y TEXTURAS

En esta sala está prohibido tocar. Aunque todos sabemos exactamente cómo se siente cada pieza.

  • El plástico rugoso de la tumbona blanca.
     
  • La toalla áspera del tercer día de playa.
     
  • La piel tirante después del cloro.
     
  • El bote azul de crema que nunca cerraba bien.
     
  • Las chanclas pegándose al suelo de la piscina.
     
  • La goma del gorro/gafas arrancándote tres pelos de golpe.
     
  • El asiento del coche ardiendo después de una mañana al sol.

SALA IV. TECNOLOGÍA EXTINGUIDA

Los menores de treinta años suelen pensar que esta sala es ciencia ficción.

  • Lápiz/boli rebobinador de cassette.
     
  • Walkman traga-cintas.
     
  • Tamagotchi fallecido durante las vacaciones.
     
  • Game Boy inclinada cuarenta y cinco grados para encontrar el único reflejo donde se veía la pantalla.
     
  • Carrete de fotos con veinticuatro oportunidades para no pestañear.

SALA V.  PATRIMONIO INMATERIAL

Estas piezas no necesitan cartela. Todos sabemos exactamente dónde estábamos cuando ocurrieron.

  • "¡Pechos fuera!" Y no.No era una playa nudista. Era Aphrodite A. Hoy, probablemente, quien toma el sol en topless eres tú.
     
  • Volver a casa cuando se encendían las farolas.
     
  • Dormirse en el coche y despertarse sin saber en qué pueblo estabas.
     
  • El melón después de cenar.
     
  • Aburrirse. La pieza más difícil de explicar a las nuevas generaciones.

Y con esto termina la visita. Pueden pasar por la tienda del museo. No vendemos imanes para la nevera. Ni camisetas. Ni tazas. Solo un pensamiento a modo final feliz:

 

Ninguno de estas piezas ‘merece un museo’… y sin embargo todas conservan algo muy difícil de encontrar hoy en día: la capacidad de hacer que tres meses parecieran eternos.
 

Quizá no echemos de menos aquellos objetos. Ni siquiera aquellos veranos.
 

Quizá lo que echamos de menos es vivir una época en la que no hacía falta sacar el móvil para que algo mereciera la pena; para sentir que estabas exactamente donde querías estar.

P.D.: Si al leer esto has olido el aftersun o has notado arena entre los dedos de los pies, la visita ha merecido la pena. Ahora bien, para un aftersun que huele a melón, a verano y a fresquito; que te quita el quemado y te potencia el moreno, prueba nuestro producto estrella del verano, Melonizer.

Melonizer

Aftersun con efecto prolongador del bronceado.
Repara, calma e hidrata la piel después de un día de sol y, además, prolonga e intensifica tu moreno.

25,99 €

COMPRAR AHORA