Durante el resto del año tu pelo juega en casa. Tiene su secador. Su cera. Ese peinado que llevas perfeccionando desde hace años… pero llega el verano... y te cambian las reglas.
Está el cloro, que reseca el cabello. El salitre, que tampoco ayuda a dejarlo suave. El viento, que desmonta en segundos la pequeña obra de ingeniería de ese tupé con andamiaje. Las duchas constantes. El aire acondicionado. Y, cómo no, ese champú del hotel que parece formulado para limpiar la campana extractora de Pesadilla en la Cocina.
También te digo, tú y tu estilo de vida no os quedáis cortos: pasas del mar a la piscina, de la piscina a la terraza y de la terraza a otro chapuzón. Si además haces deporte, llevas gorra, casco o simplemente sudas más de la cuenta... mantener el peinado se convierte en misión imposible.
Eso sí, si tuviéramos que señalar al mayor culpable de sacarte defectos capilares, ese lo tenemos claro: sería el sol.
Con los días, el cabello suele aclararse ligeramente. Parece un detalle sin importancia, pero al haber menos contraste entre el pelo y el cuero cabelludo, las entradas y la coronilla llaman mucho más la atención. Encima, la luz del verano viene justo desde arriba. Exactamente donde menos gracia hace y más quema.
En definitiva; que el verano no aumenta tu alopecia…. pero le pone un foco, literal.